jueves, 27 de agosto de 2009

No veo si hay agua



Nunca más.
Nunca más ¿por qué?
Porqie me lastimaron de adentro para afuera, porque tengo cicatrices que se llaman desconfianza.
Porque antes lo hize.
Creí en las palabras que oía y me permiti decir las mias sinceramente.
No puse resistencia a los abrazos. Estuve segura. Bien parada. Convencida de que tantas caricias estaba viva, que nada era de plástico.
Ni los planes para el fin de semana, o para el verano que viene, o para la cosa que viene.
Caminaba en ruinas y no lo sabia. Estuve desnuda entre glaciares y cuando alguien me lo dijo, no quise escuchar.
Estuve sorda por meses y ciega.
Me enamoré como se debe sin tomar precausiones y pise algunas ruinas que me hicieron pedazos.
Y el frio de los glaciares me enfermó por largo tiempo. Por eso nunca más.
¿Qué sentido tendría hacer una estrategia?
Dibujar mapas y planos para detectar pantanos, enamorarse es volverse más ingenua. No tener desconfianza alguna y soñar con la vejez en compania. Por eso nunca más. No me da para tirarme a la pileta. No veo si hay agua. No quiero correr riesgos. Estoy prolijamente curada de explosiones y camino bajo el sol. No esquivo ruinas con los pies, no tengo frío.

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La vida no es más que un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará.